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Cuando hablo de felicidad, no hablo de estar, siempre alegre, siempre sonriendo o que todo siempre salga cómo lo había previsto. No se trata de que todo sea perfecto en la vida. Ni de que no existan los momentos desagradables, tristes o que nos ocurran experiencias difíciles de solucionar.

Se trata de aceptarlo todo, aceptar el momento presente, lo que sea, para desde ahí, cambiarlo si es necesario, y si no se puede cambiar, aunque te prometo que se puede cambiar casi cualquier situación, no importa, podemos empezar por aceptarlo completamente, entenderlo, saber porqué, y saber para que nos  está ocurriendo.

Eso entiendo por  felicidad, es esa actitud, la actitud que lo engloba todo, lo alegre y lo triste, la actitud que no se inmuta ante los problemas, porque en realidad no lo son, son retos, mensajes de la propia vida para darnos cuenta de donde estamos.

Así que hay una felicidad dual, y yo no la llamaría felicidad, esa que es lo contrario de la tristeza, la que aparece y desaparece, la que depende de algo externo. Puede que te sientas feliz cuando consigues algo, algún logro y eso está bien, pero no tiene nada que ver  con  la felicidad de la que hablo, la felicidad de la que hablo te acompaña en el camino para conseguir tus logros, permanece contigo antes y después.

 La felicidad genuina, es una felicidad no dual, la que está por encima de lo triste y la alegre, la que lo envuelve, y es incondicional, no depende de nada ni de nadie, es intrínseca al ser humano, no es algo que haya que lograr, es algo que hay que descubrir, no se llega a través de las emociones, si no,… transcendiéndolas.

Feliz año 2016

Paco Forner.

28/12/2015